A casi un cuarto de siglo del brutal crimen que conmocionó a Miramar y al país entero, Laura Calampuca, mamá de Natalia Melmann, alzó su voz para exigir justicia. Lo hizo a través de un audio a GABAL recordando no solo la memoria de su hija, sino también "las irregularidades judiciales y policiales" que aún impiden cerrar la historia.
“Mi nombre es Laura Calampuca, soy la mamá de Natalia Melmann, asesinada el 4 de febrero del 2001”, comienza su testimonio. Y continúa: “Durante 24 años la lucha no bajó los brazos. Estamos muy agradecidos a los testigos que ayudaron a sentenciar a tres de los asesinos en el primer juicio”.
Aquel fallo condenó a prisión perpetua a los ex policías Ricardo Anselmini, Ricardo Suárez y Óscar Echenique. Dos décadas después, se sumó una nueva condena contra el cuarto acusado, Eugenio Panadero. Sin embargo, según Laura, el ADN encontrado en el cuerpo de Natalia indica que hubo al menos cinco agresores: “Panadero recibió su sentencia después de 22 años de estar libre. Y estamos buscando al quinto asesino. Pudieron ser más”.
“Esto es producto de la ineficiencia de los jueces y fiscales que se negaron durante 24 años a buscar a los asesinos. La familia judicial y la familia policial es la misma mierda. Unos sirven para reprimir y asesinar, otros para dejarlos libres”, dijo sin eufemismos.
En las últimas semanas, el caso volvió a reactivarse judicialmente con la toma de muestras de ADN a cuatro policías sospechados de haber participado en el crimen, aunque la abogada defensora de otros implicados apeló para evitar nuevas extracciones de sangre.
Al mismo tiempo, dos de los condenados —Echenique y Anselmini— solicitaron su libertad condicional. Para Calampuca, esto sería un nuevo atropello: “Si existe algún juez sensato, no se la dará. Porque volverán a asesinar. Estas personas gozan con el dolor ajeno. No cambian. Son siniestros”.
El recuerdo de Natalia permanece intacto para su madre. “Ella vive en el corazón de su pueblo. Modificó su pueblo. Llenó las calles de alegría. Quería ser obstetra. Le decía a sus profesores que le enseñaran más. Solo quería que alguien la ame”.
Sobre el final, Laura dejó un mensaje desgarrador: “Sigo en Miramar sin familia, solo con amigos que nos acompañan, cuidando que a Natalia jamás se la olvide. Lo único que quiero es volver a verla, para abrazarla, besarla, curar sus heridas y que vuelva a sonreír”.
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