En las primeras horas del sábado 3 de enero, Estados Unidos lanzó una operación militar de gran envergadura en Venezuela, con una serie de ataques aéreos y movimientos tácticos dirigidos a objetivos estratégicos en varias zonas del territorio, incluidos puntos civiles y militares en Caracas y estados cercanos. La acción se produjo tras meses de tensiones crecientes y despliegue militar estadounidense en la región del Caribe y se considera una escalada sin precedentes en la relación bilateral entre Washington y Caracas

El presidente estadounidense Donald Trump confirmó la ofensiva a través de su plataforma Truth Social y en distintos medios, afirmando que “Estados Unidos ha llevado a cabo con éxito un ataque a gran escala contra Venezuela y su líder”, y que el presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa habrían sido capturados y trasladados fuera del país. La Casa Blanca y el Departamento de Defensa no han proporcionado detalles oficiales adicionales sobre la ubicación o el estatus final de Maduro y su esposa, ni han difundido información verificada de manera independiente.

Al mismo tiempo, explosiones y sobrevuelo de aeronaves militares fueron reportados en varias partes de Venezuela desde alrededor de las 2:00 a. m. (hora local), con columnas de humo y sonidos de detonaciones en Caracas, Miranda, Aragua y La Guaira, incluida la zona de bases militares como La Carlota y Fuerte Tiuna. Habitantes locales y medios de comunicación documentaron interrupciones del servicio eléctrico y presencia de aviones en la capital.

El gobierno de Venezuela, dirigido por Nicolás Maduro, calificó los hechos como una “gravísima agresión militar” por parte de Estados Unidos y rechazó lo que describió como una violación a la soberanía nacional y al derecho internacional. En un comunicado oficial, Caracas informó que se activaron “planes de defensa integral de la nación” y que ordenó la movilización de fuerzas para responder a la agresión. El gobierno también declaró estado de conmoción exterior en todo el país, lo que refleja la gravedad atribuida a la situación por las autoridades venezolanas.

La respuesta internacional ha sido rápida y marcada por la preocupación y la condena desde sectores diplomáticos de la región. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, expresó su rechazo a los ataques y solicitó el respeto al derecho internacional, mientras líderes de otros países de la región también han señalado la necesidad de evitar una escalada mayor y priorizar la paz y la estabilidad.

Hasta el momento, no existen cifras oficiales confirmadas sobre víctimas fatales o heridos como resultado directo de los bombardeos y ofensivas, aunque el despliegue militar y los registros de explosiones apuntan a combates intensos en múltiples frentes. La situación se mantiene en desarrollo y podría tener impactos geopolíticos significativos a nivel regional y global.

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