China expresó su preocupación por el nuevo acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela y reclamó que se respeten los intereses de sus empresas en el país sudamericano. El Gobierno de Beijing teme que el entendimiento pueda afectar áreas donde compañías estatales chinas tienen participación.
“Los derechos e intereses legítimos de China en Venezuela deben ser salvaguardados”, afirmó el vocero del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, durante una conferencia de prensa.
El funcionario respondió a versiones según las cuales una empresa estadounidense asumiría el control de varios campos petroleros venezolanos que anteriormente estaban bajo gestión de compañías chinas, entre ellas Sinopec y CNPC. Guo no confirmó esos cambios, aunque señaló que Beijing había tomado conocimiento de las informaciones.
El portavoz sostuvo además que la cooperación entre China y Venezuela está respaldada por el derecho internacional y las leyes de ambos países. También defendió que las relaciones económicas y comerciales se desarrollen bajo principios de igualdad y beneficio mutuo.
China mantiene desde hace años una importante presencia en el sector energético venezolano. Empresas estatales como CNPC y Sinopec participaron en proyectos de exploración y producción como parte de la estrecha relación económica entre Beijing y Caracas durante los gobiernos chavistas.
El reclamo chino se produce después de que Estados Unidos y Venezuela anunciaran un nuevo entendimiento sobre el sector petrolero. Según lo informado, Washington pasaría a controlar más del 20% de las reservas de crudo venezolano, en el marco del acercamiento entre ambos gobiernos.
La presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, señaló que el acuerdo tendrá una duración de 25 años e incluirá el desarrollo de 17 campos estratégicos. Esos yacimientos cuentan con un potencial estimado de 65.000 millones de barriles de petróleo y una meta de producción superior a 1,5 millones de barriles diarios.
El nuevo escenario energético podría modificar el equilibrio de intereses entre Estados Unidos, China y Venezuela, en un sector considerado estratégico para las tres partes.
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