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Las protestas estudiantiles que comenzaron en Francia a mediados de septiembre volvieron a subir de intensidad este jueves, cuando miles de jóvenes se concentraron en distintos puntos del país y protagonizaron nuevos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad. En París, la policía utilizó cañones de agua, gases lacrimógenos y cargas para dispersar a los manifestantes reunidos en la plaza de la Bastilla.

La jornada tuvo una convocatoria menor a la del martes, cuando los sindicatos aseguraron que hasta 450.000 personas participaron de las movilizaciones a nivel nacional. Sin embargo, la tensión volvió a quedar expuesta en la capital francesa, donde algunos jóvenes treparon al monumento de la Bastilla, ondearon banderas francesas y entonaron el himno nacional antes de la intervención policial.

La jefatura de policía sostuvo que los agentes fueron atacados con adoquines y elementos de pirotecnia. Un portavoz explicó que la brigada antidisturbios intervino después de recibir impactos de proyectiles. Los manifestantes, por su parte, denunciaron un uso excesivo de la fuerza por parte de los efectivos, especialmente de las unidades BRAV-M.

Ante el avance del operativo, organizaciones estudiantiles como L’Union Étudiante recomendaron a los manifestantes trasladarse hacia la plaza de la Nación, ubicada a unos dos kilómetros de la Bastilla.

El movimiento estudiantil reclama mayores recursos para la educación pública, mejoras edilicias, reducción de la sobrecarga horaria y soluciones ante la falta de reemplazos de profesores ausentes.

Otro de los principales cuestionamientos está dirigido contra Parcoursup, el sistema utilizado para el acceso a los estudios superiores, que los estudiantes consideran poco transparente.

En distintos establecimientos educativos se registraron barricadas y bloqueos. En el liceo Hélène Boucher, en el noreste de París, la policía intervino con gases lacrimógenos para desalojar a los estudiantes que se habían atrincherado.

El Ministerio de Educación informó que 375 escuelas permanecían cerradas total o parcialmente este jueves, aunque la cifra representa una disminución respecto de la jornada anterior.

Los reclamos también se hicieron visibles en la plaza de la República, donde cientos de estudiantes se preparaban para marchar hacia la Bastilla. Algunas pancartas cuestionaban el gasto destinado a las fuerzas de seguridad frente al presupuesto educativo.

“Mientras no haya 10.000 millones de euros sobre la mesa, seguiremos movilizándonos”, afirmó Sabrine Kharbach, vocera de Union Étudiante, al anunciar una nueva jornada nacional de protesta para el próximo 13 de octubre.

El primer ministro francés, Sébastien Lecornu, reconoció la preocupación expresada por los estudiantes, aunque anticipó que las primeras decisiones oficiales llegarían recién hacia finales de octubre.

Lecornu condenó al mismo tiempo los episodios de violencia registrados durante las protestas y mencionó los ataques contra policías y gendarmes, además de los daños provocados en distintos establecimientos educativos.

El ministro de Educación Nacional, Édouard Geffray, mantuvo este jueves una reunión con representantes de las principales organizaciones estudiantiles y debía presentar posteriormente un denominado “plan de urgencia”, centrado principalmente en garantizar el reemplazo de profesores ausentes.

Para los sindicatos estudiantiles, sin embargo, la medida sería insuficiente para poner fin a las movilizaciones.

La escalada de tensión dejó cientos de heridos y miles de detenidos desde el comienzo de las movilizaciones. Según datos del Ministerio del Interior, se registraron más de 6.600 detenciones y más de 300 personas resultaron heridas, entre ellas policías, gendarmes y manifestantes.

En Reims, un agente fue hospitalizado después de recibir el impacto de un proyectil y un joven quedó bajo custodia policial por el episodio.

También se registraron daños en establecimientos educativos. En Lormont, cerca de Burdeos, un liceo fue vandalizado y las autoridades estimaron los daños entre 100.000 y 200.000 euros.

Uno de los episodios que generó mayor repercusión ocurrió en Port-de-Bouc, donde el jefe de la policía municipal fue suspendido después de ser filmado mientras aparentemente intentaba atropellar a un grupo de estudiantes.

Las movilizaciones también quedaron marcadas por casos de adolescentes que sufrieron graves lesiones durante los enfrentamientos. Estos episodios llevaron a que algunos padres se incorporaran a las manifestaciones para respaldar los reclamos de los jóvenes y denunciar el accionar policial.

El conflicto estudiantil se desarrolla en un contexto político especialmente delicado para el Gobierno francés. El Ejecutivo busca avanzar con el presupuesto de 2027 en medio de un fuerte ajuste fiscal y de una deuda pública que alcanzó niveles récord.

Además, Francia se prepara para las elecciones presidenciales del próximo año, previstas para abril, en las que se elegirá al sucesor de Emmanuel Macron.

Lecornu cuestionó a los dirigentes políticos que, según afirmó, utilizan el descontento social para impulsar sus propias estrategias electorales. Marine Le Pen, una de las principales figuras de la oposición, acusó al Gobierno de ponerse del lado de quienes atacan a la policía.

Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa y uno de los referentes de la izquierda francesa, celebró las movilizaciones y calificó la protesta en París como una “nueva toma de la Bastilla”, en referencia al episodio ocurrido el 14 de julio de 1789 durante la Revolución Francesa.

Las organizaciones estudiantiles, mientras tanto, ya confirmaron una nueva jornada nacional de protesta para el 13 de octubre y advirtieron que podrían mantener las movilizaciones durante los próximos meses si el Gobierno no presenta respuestas concretas a sus reclamos.

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