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Los controles prenatales permiten seguir el desarrollo del embarazo desde sus primeras semanas y detectar posibles alteraciones antes del nacimiento. A través de ecografías, análisis de sangre materna y evaluaciones de la anatomía fetal, los especialistas pueden obtener información sobre la evolución del bebé y orientar los controles posteriores.

Jorge Hamer, ecografista, director honorario de la Sociedad de Diagnóstico Prenatal y director médico del Maternity Integral Center, explicó que actualmente existen diferentes métodos no invasivos para evaluar el estado del bebé. Durante una entrevista con Infobae, destacó especialmente los estudios realizados a partir de una muestra de sangre de la madre, conocidos popularmente como análisis de ADN fetal.

Según señaló Hamer, una de las preguntas más frecuentes de las parejas durante el embarazo es si el bebé estará bien. El especialista sostuvo que entre el 98% y el 99% de los embarazos evolucionan favorablemente, aunque aclaró que ningún estudio puede garantizar de manera absoluta que no surgirán complicaciones.

Los análisis de ADN fetal permiten obtener información sobre determinadas características cromosómicas del bebé. Hamer explicó que, en un principio, estos estudios se realizaban principalmente en el exterior, pero con el tiempo comenzaron a desarrollarse también en distintos centros de Argentina.

El médico remarcó que las posibilidades de diagnóstico se ampliaron considerablemente. Mientras que inicialmente las pruebas estaban concentradas en algunas alteraciones cromosómicas, actualmente permiten investigar una cantidad mucho mayor de enfermedades y condiciones.

La decisión de realizar estos estudios depende de cada familia. Hamer sostuvo que los padres tienen derecho a decidir qué información desean conocer y que los profesionales deben respetar esa elección. Al mismo tiempo, consideró que contar con determinados resultados puede permitir anticipar consultas con especialistas y preparar el seguimiento del embarazo.

La primera ecografía constituye otro de los controles fundamentales. De acuerdo con el especialista, suele realizarse por vía transvaginal y permite observar el estado inicial de la gestación. Cuando el embarazo alcanzó el momento adecuado, también posibilita comprobar la presencia de actividad cardíaca.

Para Hamer, uno de los primeros objetivos de ese estudio consiste en transmitir tranquilidad a los padres cuando todo evoluciona normalmente. Además, la ecografía permite realizar mediciones que ayudan a establecer con mayor precisión la edad gestacional.

Durante las primeras semanas, el embrión puede medir apenas unos pocos milímetros. Sin embargo, esas dimensiones permiten calcular la edad del embarazo con un margen de diferencia reducido. El especialista explicó que no todas las mujeres tienen ciclos menstruales de 28 días y que algunas ovulan más tarde, por lo que las mediciones ecográficas pueden evitar interpretaciones equivocadas sobre un supuesto retraso en el crecimiento.

La evaluación también contempla las características del saco gestacional y otros elementos que pueden brindar información sobre la evolución de la gestación. Hamer señaló que la experiencia del profesional resulta importante para interpretar correctamente esas primeras imágenes.

En cuanto a la preparación para una ecografía de rutina, el médico indicó que actualmente no resulta necesario cumplir con indicaciones especiales. Recordó que antiguamente los equipos requerían que la paciente tuviera la vejiga llena, motivo por el cual se recomendaba beber abundante cantidad de agua antes del estudio.

Otro de los controles destacados es la ecografía de translucencia nucal, que suele realizarse alrededor de la semana 12. Hamer explicó que el objetivo principal de este estudio no es determinar el sexo del bebé, sino evaluar diferentes aspectos de su anatomía y obtener información relacionada con posibles alteraciones cromosómicas.

La translucencia nucal permite realizar una evaluación temprana del desarrollo fetal y puede complementar la información obtenida mediante otros estudios. El especialista señaló además que, en esa etapa, es posible anticipar el sexo del bebé con una probabilidad cercana al 82%, aunque aclaró que ese no constituye el propósito central de la prueba.

Entre las semanas 20 y 21 se realiza otro estudio fundamental: la ecografía morfológica. En esta instancia, los profesionales pueden observar la anatomía fetal de manera detallada y revisar diferentes órganos y estructuras del bebé.

Hamer destacó que los avances tecnológicos permitieron obtener imágenes cada vez más precisas y ampliar las posibilidades de diagnóstico y tratamiento durante la gestación. También señaló que algunos procedimientos pueden realizarse dentro del útero en situaciones determinadas, siempre bajo evaluación médica.

La comunicación de los resultados representa otro aspecto relevante del seguimiento prenatal. El especialista explicó que transmitir una noticia preocupante requiere experiencia y sensibilidad, especialmente cuando las imágenes muestran alguna característica que necesita ser estudiada con mayor profundidad.

En determinadas situaciones, el médico puede decidir repetir una ecografía después de algunos días o semanas para observar la evolución. Esto permite evitar conclusiones apresuradas y brinda tiempo para analizar la información disponible.

Hamer sostuvo que el profesional que realiza la ecografía también tiene una responsabilidad frente a la familia y no debería limitarse a entregar un resultado sin explicaciones. Para el especialista, el vínculo médico-paciente resulta especialmente importante cuando existe incertidumbre o aparece alguna señal que requiere seguimiento.

También diferenció los embarazos que no evolucionan normalmente de los denominados embarazos químicos o bioquímicos. En estos últimos, la hormona del embarazo puede dar positiva, aunque posteriormente no llegue a observarse un embrión en desarrollo.

El especialista señaló que la experiencia profesional también permite aprender a comunicar situaciones difíciles. Según explicó, las pacientes suelen percibir cuando el médico encuentra algo diferente durante una ecografía, por lo que considera fundamental ofrecer una explicación clara y evitar que la familia quede sumida en la incertidumbre.

Los embarazos a edades más avanzadas también fueron parte de su análisis. Hamer aseguró que actualmente observa que muchas mujeres buscan la maternidad después de haber priorizado sus estudios, su trabajo y otros proyectos personales. Según su experiencia, una parte importante de las pacientes intenta quedar embarazada entre los 34 y 36 años.

El médico aclaró que no considera que estos embarazos sean necesariamente diferentes, aunque requieren un seguimiento más cuidadoso. Comparó la situación con décadas anteriores, cuando las mujeres solían tener su primer hijo a edades más tempranas.

Hamer recordó además su experiencia durante su residencia en el CEMIC en 1977, cuando las mujeres que tenían su primer hijo tenían, según su recuerdo, alrededor de 25 o 26 años. Para el especialista, el cambio en la edad de la maternidad es uno de los fenómenos que modificaron la atención obstétrica en las últimas décadas.

Más allá de los avances tecnológicos y de diagnóstico, el ecografista destacó el componente humano de su trabajo. Explicó que, con los años, construyó vínculos con numerosas familias y que continúa emocionándose al observar el primer latido de un bebé.

Para los futuros padres, los controles prenatales representan así una herramienta fundamental para conocer cómo evoluciona el embarazo. Las ecografías y los estudios disponibles permiten reunir información cada vez más precisa, aunque el seguimiento de un profesional especializado continúa siendo indispensable para interpretar cada resultado dentro del contexto de cada gestación.

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