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Cada 18 de mayo se conmemora en la Día de la Escarapela, uno de los emblemas patrios que representa la unión, la identidad nacional y el sentimiento de pertenencia de los argentinos. Su creación se remonta a los días previos a la Revolución de Mayo, cuando comenzaban a gestarse los ideales de libertad que marcaron el nacimiento de la Patria.

La fecha adquiere un significado especial al coincidir con el inicio de la Semana de Mayo, período histórico que recuerda aquellos acontecimientos decisivos que culminaron el 25 de Mayo con la conformación del Primer Gobierno Patrio. En ese contexto, la escarapela se transformó en un distintivo utilizado por quienes impulsaban el espíritu revolucionario y la construcción de una nación independiente.

En Balcarce, esta conmemoración también invita a recordar la figura del Antonio González Balcarce, destacado protagonista de las luchas por la emancipación y hombre comprometido con los ideales de libertad que marcaron los primeros años de la historia argentina. Su participación en las campañas independentistas y su aporte al proceso revolucionario mantienen vigente el legado patriótico que hoy continúa inspirando a las nuevas generaciones.

Distintivo patrio

La escarapela no es propiamente un símbolo nacional, aunque evidencia nuestra identidad patria. Es por esto que adopta formas muy diversas: cucarda, cinta, lazo o moño, siendo reconocida como un emblema de nacionalidad.

Tradicionalmente, su uso indica que debe colocarse sobre el lado izquierdo del pecho o en la solapa.

Los documentos referidos al origen y a la razón por la cual se definieron sus colores son imprecisos y carecen de fuentes que garanticen la autenticidad de algunas versiones. El único dato fidedigno que consta en la documentación histórica es la solicitud que el Manuel Belgrano realizó al Triunvirato el 13 de febrero de 1812, para establecer el uso de una escarapela nacional con el objetivo de uniformar al Ejército Revolucionario y distinguirlo de los enemigos.

Como respuesta, el 18 de febrero de ese mismo año, el gobierno reconoció oficialmente el uso de la escarapela con los colores blanco y azul celeste como insignia patria, dejando de lado la roja que se utilizaba anteriormente.

Según investigaciones del Instituto Nacional Belgraniano, las evidencias indican que su primer formato tenía el centro celeste y la corona blanca.

En sus comienzos fue un distintivo de carácter netamente militar, aunque rápidamente se extendió a la población civil, popularizándose con el paso del tiempo hasta convertirse en uno de los emblemas más representativos de la identidad argentina.

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