Más previsiones: Tiempo en 25 días

Hay escenas que, lamentablemente, se han vuelto habituales en ciudades vecinas como Mar del Plata, Necochea y Tandil. Personas que se apropian del espacio público, que “cuidan” autos sin autorización, que presionan, intimidan o generan situaciones incómodas para vecinos y turistas. Los llamados trapitos ya no son una excepción: forman parte de un problema social que crece y que, en muchos casos, las autoridades no logran —o no pueden— resolver de fondo.

No se trata solo de estacionar un auto. Se trata de la sensación de inseguridad, del uso indebido del espacio público y de la naturalización de prácticas que terminan perjudicando la convivencia. En varias de estas ciudades, el debate está instalado desde hace años y las soluciones parecen siempre provisorias, incompletas o directamente ausentes.

En ese contexto, Balcarce todavía es una excepción. Nuestra ciudad, con sus virtudes y sus problemas, no convive hoy con esta realidad. Y no es un dato menor. Habla de una escala distinta, de una comunidad más cercana, de controles que —con aciertos y errores— aún alcanzan para evitar que estas situaciones se instalen.

Pero también es una advertencia. Porque nada garantiza que lo que hoy no sucede, no pueda aparecer mañana. Mirar lo que pasa alrededor no es alarmismo: es prevención. Es entender que los problemas no llegan de un día para el otro, sino cuando se los deja crecer.

Ojalá Balcarce no tenga que escribir esa página. Ojalá aprendamos de las experiencias ajenas y cuidemos lo que todavía funciona. Porque hay realidades que, sinceramente, no queremos importar.

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