Más previsiones: Tiempo en 25 días

Seguir en Google Noticias

La Guardia Costera taiwanesa expulsó a 16 embarcaciones chinas que operaban simultáneamente en cuatro zonas marítimas. Las autoridades denunciaron una estrategia para ampliar la influencia de Beijing sin recurrir a un enfrentamiento militar directo.

La tensión entre Taiwán y China volvió a escalar luego de que la Guardia Costera de la isla expulsara, el domingo 18 de octubre, a 16 embarcaciones chinas que operaban de manera coordinada en distintas áreas marítimas. Las autoridades de Taipéi calificaron el episodio como una operación de “guerra híbrida” destinada a generar la apariencia de que Beijing ejerce jurisdicción sobre esas aguas.

Según informó la Administración de la Guardia Costera de Taiwán, el despliegue incluyó 12 buques de guardacostas e investigación, además de cuatro pesqueros. Las embarcaciones fueron detectadas al este de Hualien, al sur de Pingtung, al suroeste de Kaohsiung y en las inmediaciones de las islas Dongsha, bajo control taiwanés.

Tras identificar los movimientos, las autoridades enviaron patrulleras a las zonas afectadas y emitieron advertencias para que los buques abandonaran las áreas restringidas. Finalmente, las embarcaciones chinas se retiraron.

Desde Taipéi advirtieron que estas acciones buscan modificar unilateralmente el statu quo en el estrecho de Taiwán y construir una percepción de control marítimo por parte de China.

Beijing intensifica la presión con guardacostas y buques civiles

La operación se enmarca en una estrategia que, según analistas y centros de estudios, ha ganado intensidad durante 2026. En lugar de recurrir exclusivamente a la Armada del Ejército Popular de Liberación, China utiliza cada vez más guardacostas, embarcaciones de vigilancia y buques de investigación para mantener una presión constante sobre Taiwán sin provocar necesariamente un conflicto armado abierto.

El profesor Ma Chen-kun, especialista en asuntos militares chinos de la Universidad de Defensa Nacional de Taoyuan, describió esta táctica como un intento de consolidar el control sobre las aguas circundantes mediante un cerco progresivo.

La estrategia también alcanza otras zonas sensibles, como las islas Quemoy, Matsu, Dongsha y Taiping, además de áreas del mar de China Meridional. El objetivo sería ampliar la presencia estatal china y fortalecer sus reclamos marítimos mediante operaciones que permanecen por debajo del umbral de una guerra convencional.

Las incursiones marítimas aumentaron durante 2026

Los registros oficiales de Taiwán muestran un crecimiento significativo de la actividad marítima china. En julio de 2026, la isla detectó 244 buques de guardacostas, investigación científica y otras categorías alrededor de su territorio principal, frente a 58 durante el mismo mes de 2025.

En los primeros 21 días de agosto se contabilizaron otras 152 embarcaciones. Estas cifras no incluyen los buques de guerra chinos, cuya presencia alrededor de Taiwán también constituye una fuente permanente de preocupación para las autoridades locales.

Un análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), publicado el 8 de octubre, señaló que Beijing intensificó desde junio sus actividades de vigilancia, pesca, investigación y aplicación de la ley marítima al este de la isla.

Por su parte, un informe de Asia Society registró un incremento de los buques oficiales chinos detectados durante 2026. Los especialistas interpretan esta expansión como parte de una estrategia de zona gris, que combina instrumentos civiles, administrativos y militares para modificar progresivamente el equilibrio regional.

Un incidente con un cañón de agua elevó la tensión

La última operación se produjo después de una serie de episodios registrados durante octubre. Desde el comienzo del mes, Taiwán informó que había rechazado 29 apariciones de guardacostas, buques de investigación, embarcaciones de inspección y pesqueros chinos, incluidas las 16 del domingo.

Uno de los incidentes más tensos ocurrió el 1 de octubre, cuando una patrullera taiwanesa utilizó un cañón de agua contra un pesquero chino que se negó a abandonar las aguas restringidas próximas a Dongsha. La embarcación sufrió una avería en el motor y fue remolcada por otro buque chino.

La respuesta de Beijing fue inmediata. Chen Binhua, vocero de la Oficina de Asuntos de Taiwán, advirtió que la isla debía asumir las consecuencias de lo que calificó como un trato peligroso hacia embarcaciones procedentes del continente.

El episodio evidenció los riesgos de una confrontación en la que ambas partes sostienen posiciones incompatibles sobre la soberanía y el control de las aguas disputadas.

Taiwán busca fortalecer la cooperación con Filipinas

Frente al aumento de las incursiones, Taiwán comenzó a observar con mayor atención la estrategia filipina de “transparencia activa”, basada en divulgar públicamente los incidentes marítimos vinculados con China.

En septiembre, la Guardia Costera taiwanesa confirmó la donación de una patrullera retirada de 500 toneladas a Filipinas. El buque, anteriormente denominado Kinmen, fue rebautizado como BRP Sarangani y entró en servicio el 4 de octubre.

La transferencia representó un paso significativo en la cooperación marítima entre ambos territorios, que no mantienen relaciones diplomáticas formales.

Además, la Guardia Costera de Taiwán planea enviar una embarcación con aproximadamente 100 oficiales y cadetes a Filipinas en octubre de 2027. De concretarse, sería la primera visita de un buque paramilitar taiwanés al país desde 1975.

Las autoridades también impulsan una mayor colaboración en vigilancia marítima, sistemas no tripulados y tecnologías de aplicación de la ley en el mar.

Estados Unidos advierte sobre el riesgo de una escalada

La situación plantea interrogantes sobre la capacidad de Taiwán para responder de manera sostenida a las incursiones sin agotar los recursos de su Guardia Costera.

Dennis Blair, almirante retirado de la Armada estadounidense y excomandante del Comando del Pacífico, recomendó que la isla priorice sus recursos según el nivel de amenaza, en lugar de intentar seguir automáticamente cada embarcación o aeronave china.

Blair también advirtió que una eventual interceptación sistemática de buques comerciales, la imposición de cambios de rumbo o el establecimiento de un bloqueo efectivo representarían una escalada mucho más grave, capaz de transformar la presión marítima en un enfrentamiento militar.

China considera a Taiwán parte de su territorio y no descarta el uso de la fuerza para lograr la reunificación. Por su parte, la isla mantiene un gobierno autónomo y refuerza sus capacidades de defensa ante el aumento de la presión de Beijing.

Estados Unidos se opone a cualquier intento de tomar Taiwán por la fuerza y mantiene su compromiso de proporcionarle armamento defensivo.

La expulsión de las 16 embarcaciones refleja así una disputa que va más allá de un incidente aislado: la competencia por el control marítimo y la soberanía en torno a Taiwán continúa intensificándose, mientras ambas partes buscan ampliar su margen de acción sin desencadenar una guerra abierta.

Te puede interesar: