En la mañana de este jueves, Virginia Guariste, directora del taller protegido, dialogó con GABAL y describió un escenario alarmante que atraviesa la institución, en un contexto que, según señaló, es “un poquito peor” que el del año pasado y sin perspectivas claras de mejora.
“Hemos tocado todas las puertas, pero nadie nos contesta nada. Las deudas se van incrementando”, expresó Guariste, quien remarcó que, si bien las ventas de los productos del taller funcionan bien, esos ingresos están destinados exclusivamente a los operarios y no alcanzan para cubrir los gastos estructurales.
Actualmente, el taller recibe un aporte provincial de 1.592.000 pesos, monto que resulta insuficiente para afrontar los costos básicos. “Con eso tenemos que cubrir alimentos, mantenimiento, sueldos y cargas. No alcanza para nada”, explicó. A esto se suma el aumento sostenido de insumos y servicios, como el seguro obligatorio, que pasó de 70 mil a más de 300 mil pesos.
La institución sostiene a unos 20 jóvenes que asisten diariamente, a quienes se les brinda desayuno y acompañamiento laboral. Sin embargo, los recursos escasean. “No hacemos magia. Hay cosas que no se pueden cubrir”, afirmó.
En ese marco, la directora también detalló el esfuerzo constante de la comisión, que organiza eventos para recaudar fondos, aunque aclaró que no siempre pueden asumir riesgos económicos. “No podemos agarrar todos los eventos porque si perdemos plata, es peor”, sostuvo.
Otro de los problemas que enfrenta el taller es el deterioro de su infraestructura y equipamiento. Actualmente, cuentan con dos máquinas sin poder reparar debido a los altos costos. Además, el edificio presenta limitaciones importantes, como la falta de baños suficientes para las 40 personas que asisten diariamente.
A las dificultades económicas se sumaron hechos de inseguridad. Guariste relató que el lugar fue vandalizado en dos oportunidades: “Nos robaron garrafas y una freidora. También rompieron puertas y ventanas. Son gastos que no podemos afrontar”.
En cuanto al acompañamiento social, si bien destacó la solidaridad de la comunidad, señaló que no es suficiente para sostener la estructura. “Tenemos unos 170 socios nuevos que aportan mil pesos. Es una ayuda, pero no hace la diferencia”, indicó.
La institución también perdió una de sus principales fuentes de financiamiento: la tradicional rifa del auto. “Era lo que nos permitía sostenernos varios meses. Hoy es imposible hacerla por los costos”, explicó.
Frente a este panorama, Guariste fue contundente: “No queremos pensar en cerrar, pero es algo que ya empieza a estar en la mente. No creo que lleguemos a fin de año”.
El taller funciona de lunes a viernes, de 8 a 16, y quienes deseen colaborar pueden comunicarse al teléfono 420897 o al celular 2266-637730.
Finalmente, la directora dejó un mensaje claro: “La gente común es la que más ayuda, incluso el que menos tiene. Pero lamentablemente no alcanza. Necesitamos respuestas concretas”.
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