Más previsiones: Tiempo en 25 días

En Balcarce los robos ya no son hechos aislados ni excepcionales. Se repiten, cambian de modalidad y, lo que es más preocupante, muchas veces terminan teniendo un recorrido que todos sospechan pero pocos se animan a decir en voz alta: los elementos sustraídos no desaparecen, circulan. Y circulan cerca.

Herramientas, bicicletas, motos, electrodomésticos, máquinas de trabajo. Cosas que para quien las pierde significan meses o años de esfuerzo, aparecen tiempo después en manos de alguien que “las consiguió baratas”. A veces en la misma ciudad. Otras, cruzan rápidamente hacia localidades vecinas. Pero el circuito existe. Y no podría sostenerse sin una pregunta incómoda en el medio: ¿quién compra?

El robo empieza en el momento en que alguien decide llevarse lo ajeno. Pero no termina ahí. Porque para que ese delito tenga sentido, tiene que haber alguien dispuesto a pagar, aunque sea menos, por algo que sabe —o intuye— que no tiene un origen claro.

En una ciudad como Balcarce, donde todos más o menos nos conocemos, donde los oficios y los trabajos son visibles, es difícil creer que alguien no sospeche cuando le ofrecen una máquina prácticamente nueva a un precio irrisorio, sin caja, sin papeles, sin historia. Ahí es donde aparece la otra parte del problema.

El vecino que compra algo “demasiado barato” no necesariamente rompió una puerta ni se llevó una moto de la vereda. Pero sí alimenta el circuito. Porque cada compra de dudosa procedencia confirma que robar vale la pena. Que hay salida. Que hay mercado. Que alguien va a pagar.

Y entonces surge el debate inevitable: ¿es cómplice quien compra sabiendo que probablemente sea robado? Desde lo legal, hay figuras claras cuando existe conocimiento o intención. Pero desde lo social y moral, la respuesta es más directa: si nadie comprara, muchos robos dejarían de tener sentido.

No se trata de señalar ni de acusar livianamente. Se trata de reflexionar. Porque cada vez que alguien elige pagar menos sin preguntar demasiado, hay otra persona del otro lado que se queda sin su herramienta de trabajo, sin su medio de transporte o sin algo que le costó conseguir.

El delito no es solo el momento del robo. Es todo lo que viene después. Es el silencio, la indiferencia y también la comodidad de mirar para otro lado cuando conviene.

Tal vez la discusión no sea solo cuántos robos hay en Balcarce, sino cuánto estamos dispuestos como comunidad a cortar ese circuito. Porque mientras haya quien robe, pero también quien compre sin preguntar, la rueda va a seguir girando.

Por Radio GABAL

Te puede interesar:



Información en tu WhatsApp

Se parte de nuestra red, súmate al grupo de RADIO GABAL
y recibí las noticias en tu WhatsApp.