Los ataques aéreos rusos provocaron este viernes el cierre total o parcial de tres de los seis puentes viales que atraviesan el río Dniéper en Kiev, generando importantes congestionamientos y complicando la circulación en la capital ucraniana.
El alcalde de Kiev confirmó las interrupciones del tránsito luego de una nueva oleada de ataques con drones. Las autoridades ucranianas consideran que los puentes se convirtieron en un nuevo objetivo dentro de una campaña destinada a afectar la infraestructura y aumentar la presión sobre la población civil.
La ofensiva aérea se intensificó durante los últimos meses, mientras los combates terrestres a lo largo de un frente de aproximadamente 1.250 kilómetros permanecen prácticamente estancados. La guerra comenzó hace más de cuatro años y medio y, hasta el momento, no existen señales concretas de un acuerdo de paz.
Durante la noche, Rusia lanzó más de un centenar de drones contra Ucrania y alcanzó Kiev y otras ocho regiones, según informó el presidente Volodimir Zelensky. Cerca de la mitad de los aparatos utilizados eran drones propulsados por reacción, considerados especialmente difíciles de interceptar.
Zelensky informó que uno de los drones impactó contra un edificio residencial de gran altura en Kiev y provocó la muerte de una persona. También se registraron al menos cuatro heridos en distintos puntos del país.
El presidente ucraniano volvió a reclamar a la comunidad internacional que cierre las vías que permiten a Rusia acceder a componentes utilizados para fabricar drones y misiles. Según Zelensky, esos sistemas dependen de manera significativa de tecnología y piezas importadas.
Al mismo tiempo, Ucrania continúa utilizando drones y misiles de largo alcance contra objetivos dentro del territorio ruso, incluidos complejos vinculados a la producción militar y refinerías de petróleo.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus sistemas de defensa antiaérea derribaron durante la noche 646 drones ucranianos sobre distintas regiones de Rusia, la Crimea ocupada y sectores de los mares de Azov y Negro. En Volgogrado, el gobernador Andrei Bocharov informó que una persona resultó herida durante un ataque que, según las autoridades locales, tuvo como objetivo infraestructura industrial.
En paralelo a la escalada militar, Ucrania recibió propuestas independientes para establecer una tregua limitada en determinados sectores del conflicto. El canciller Andrii Sybiha afirmó que Estados Unidos, India, Turquía y Egipto presentaron iniciativas para detener los ataques contra la infraestructura energética y el transporte marítimo en el mar Negro.
Kiev aseguró que está dispuesta a aceptar un alto el fuego limitado que incluya el cese de los ataques contra las redes eléctricas ucranianas y las refinerías rusas, además de una pausa en las operaciones contra los buques que transportan granos y otros productos agrícolas por el mar Negro.
Sybiha también reiteró la disposición de Ucrania a aceptar un alto el fuego incondicional a lo largo de la línea del frente. Sin embargo, Moscú sostiene que una pausa temporal no es suficiente y reclama un acuerdo de paz integral.
La participación de India representa además un elemento relevante en las gestiones diplomáticas. Nueva Delhi mantiene estrechos vínculos comerciales con Moscú, especialmente en materia energética, mientras profundiza sus relaciones con Estados Unidos y otras potencias occidentales.
El gobierno de Zelensky también advirtió sobre el volumen del arsenal de misiles balísticos ruso. Sybiha afirmó que los servicios de inteligencia ucranianos estiman que Moscú dispone de unas 600 unidades almacenadas y que puede producir hasta 140 misiles balísticos por mes.
Ante ese escenario, Kiev solicitó a sus aliados alrededor de 300 misiles para los sistemas de defensa aérea Patriot, fabricados en Estados Unidos.
Ucrania considera que estos sistemas son fundamentales para proteger sus principales ciudades e infraestructura estratégica frente a los ataques con misiles balísticos y drones.
Mientras continúa la guerra aérea, el escenario terrestre presenta movimientos limitados. Según un informe del Instituto para el Estudio de la Guerra, las fuerzas rusas perdieron el control de casi 300 kilómetros cuadrados entre marzo y septiembre.
El mismo organismo estimó que las fuerzas rusas sufrieron más de 46.000 bajas durante septiembre, el registro mensual más elevado del año hasta ese momento. El informe no estableció una cifra comparable de bajas ucranianas.
A la presión militar se suma la situación financiera de Kiev. Sybiha advirtió que Ucrania necesita fondos con urgencia para garantizar la producción de drones durante los próximos meses y evitar interrupciones en el suministro a comienzos del próximo año.
El gobierno ucraniano calcula un déficit presupuestario de alrededor de 27.000 millones de dólares para este año. La Unión Europea se comprometió a contribuir a las necesidades financieras y defensivas del país.
Rusia, por su parte, también enfrenta presiones económicas derivadas del elevado gasto militar y del crecimiento de su deuda, mientras el conflicto continúa sin una salida diplomática definida.
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