Las reservas de petróleo iraní almacenadas en buques en aguas asiáticas se agotaron a mediados de octubre, después de meses de bloqueo estadounidense. El fin de estos inventarios, que permitieron sostener las ventas a China durante el conflicto, representa un nuevo golpe económico para Teherán, según un informe de The Wall Street Journal basado en datos de la consultora Kpler.
Antes de la guerra, Irán mantenía alrededor de 135 millones de barriles de petróleo fuera de sus fronteras, principalmente frente a las costas de Malasia y Singapur. Estos cargamentos funcionaban como una reserva estratégica para continuar abasteciendo a las refinerías chinas pese a las restricciones impuestas por Washington.
El volumen almacenado en el mar llegó a rozar los 90 millones de barriles en julio, pero comenzó a disminuir cuando Estados Unidos restableció el bloqueo. Según Kpler, el inventario cayó por debajo del millón de barriles el 5 de octubre, hasta agotarse por completo días después.
China busca nuevos proveedores de crudo
La interrupción de los suministros iraníes llevó a las refinerías chinas a incrementar sus compras de petróleo procedente de otros mercados, entre ellos Brasil y África occidental, de acuerdo con los analistas citados por el diario estadounidense.
Durante meses, Irán recurrió a una red de petroleros que realizaban transferencias de crudo entre embarcaciones para dificultar el rastreo de su origen. Las operaciones en aguas del sudeste asiático permitían trasladar el petróleo hacia buques que posteriormente lo transportaban a China.
Sin embargo, el bloqueo de los envíos desde los puertos iraníes impidió reponer los cargamentos vendidos y terminó por agotar las reservas flotantes.
El Comando Central de Estados Unidos aseguró que las restricciones privaron a Irán de al menos USD 25.000 millones en ingresos petroleros. Washington sostiene que la medida incrementó la presión económica sobre el aparato de seguridad iraní.
Una economía cada vez más presionada
El petróleo representa entre el 30% y el 40% de los ingresos públicos de Irán y constituye una de sus principales fuentes de divisas, según la estimación de Homayoun Falakshahi, analista de Kpler.
La pérdida de estos recursos coincide con una fuerte depreciación de la moneda iraní, que habría perdido un tercio de su valor frente al dólar desde comienzos de julio, según The Wall Street Journal. El deterioro cambiario profundizó las presiones inflacionarias y redujo el poder adquisitivo de la población.
Ante este escenario, Teherán intentó mantener parte de sus exportaciones mediante el almacenamiento en instalaciones terrestres y el transporte de petróleo por rutas alternativas hacia países vecinos. No obstante, los especialistas consideran que estas opciones difícilmente pueden reemplazar los volúmenes que se movilizaban por vía marítima.
Para los analistas, la estrategia estadounidense busca debilitar la capacidad financiera del Gobierno iraní y aumentar los incentivos para retomar las negociaciones sobre su programa nuclear.
Teherán defiende la resistencia de su economía
Pese a las dificultades, las autoridades iraníes rechazan que el bloqueo y las sanciones hayan provocado un colapso económico. Abdolnaser Hemmati, gobernador del Banco Central de Irán, defendió la capacidad de resistencia del país durante una reunión del Fondo Monetario Internacional en Bangkok.
El funcionario sostuvo que la economía iraní mantiene una capacidad de adaptación frente a las restricciones internacionales y calificó de infundadas las versiones sobre un derrumbe económico.
Mientras tanto, el agotamiento de las reservas marítimas reduce el margen de maniobra de Teherán para sostener sus exportaciones petroleras y mantener el flujo de ingresos que necesita para financiar al Estado. El impacto de las restricciones dependerá, en adelante, de la capacidad iraní para encontrar nuevas rutas comerciales y de la evolución de las negociaciones con Washington.
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