Luego de un fin de semana inolvidable en Concepción del Uruguay, Santiago Mangoni dialogó con GABAL y compartió sus sensaciones tras volver al triunfo en el Turismo Carretera, una victoria que cortó una sequía de casi tres años y que tuvo, además, un condimento especial por la presencia de su familia.
“Fue bastante sufrida”, reconoció el balcarceño al analizar una final marcada por los reiterados ingresos del auto de seguridad. En ese sentido, explicó que una carrera sin neutralizaciones le habría permitido transitar con mayor tranquilidad el cierre, aunque remarcó que ya habían trabajado durante todo el fin de semana con la idea de que ese escenario podía darse.
Mangoni destacó que en esos momentos decisivos contó con una herramienta clave: “Tenía el respaldo que todo piloto necesita, que es la contundencia del auto”. Esa solidez mecánica fue, según sus palabras, uno de los pilares para sostenerse adelante en cada relanzamiento y terminar festejando nuevamente en la categoría más importante del automovilismo argentino.
El piloto también reveló que el equipo logró resolver a tiempo una falla que lo había complicado en los entrenamientos y que incluso arrastraba desde la final de Neuquén. A partir de ahí, el panorama cambió por completo. “En las pocas vueltas que pude dar, me di cuenta de que el auto tenía nivel como para dar pelea”, contó.
Ya el domingo, todo comenzó a encaminarse desde la serie. Allí compartió la primera fila con su compañero de equipo, Agustín Canapino, en una largada que, según explicó, estuvo atravesada por el respeto mutuo. Mangoni logró mantener la posición de privilegio, hacer una serie rápida y quedarse con el mejor lugar para partir en la final, un detalle que luego sería determinante para construir la victoria.
En relación al desenlace de la competencia, reconoció que el último ingreso del auto de seguridad fue el que más lo alteró. Cuando restaban apenas unas vueltas y tenía controlada la carrera, la neutralización volvió a comprimir todo. “En ese momento uno putea un poco”, admitió entre risas, aunque aclaró que rápidamente logró enfriarse y volver a concentrarse para defender la punta “con todas las armas legales”.
Más allá del aspecto deportivo, Mangoni hizo un fuerte hincapié en el costado humano de este triunfo. Subió al podio junto a su pareja, Jazmín, y su hijo Beltrán, en una postal que, aseguró, quedará guardada para siempre. “Lo distinto de esta victoria fue que estuvo mi familia presente”, expresó. Recordó, además, que en sus triunfos anteriores ellos no habían podido acompañarlo de la misma manera, por lo que esta vez el festejo tuvo una carga emocional todavía mayor.
En otro tramo de la charla, volvió a dejar en claro su vínculo con la ciudad. “Soy hincha de Balcarce”, afirmó, al explicar por qué siempre tiene presente a la comunidad en cada celebración. Contó que el cariño cotidiano de la gente, en la calle, en el banco o en cualquier comercio, lo lleva a sentirse profundamente identificado con su lugar y a querer agradecer permanentemente ese acompañamiento.
Por eso, el recibimiento del domingo por la noche en el cruce de las rutas 226 y 55 tuvo un valor especial. Familiares, amigos, vecinos, bomberos y representantes del Municipio se acercaron para saludarlo tras una victoria que volvió a poner a Balcarce en lo más alto del automovilismo nacional.
Finalmente, Mangoni agradeció el apoyo de la comunidad, de sus sponsors, del equipo y de su familia, a quienes definió como un pilar central no solo en los triunfos, sino también en los momentos más duros. “Ahora es todo felicidad, pero cuando las cosas no salen ellos siempre están”, remarcó.
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