Hablar de gimnasios en Balcarce es hablar de Adriana Marmet. Hace 40 años que se dedica a la promoción de la actividad física y la vida saludable. Hace ya mucho tiempo abrió las puertas de “Energym”, un espacio que nació de su vocación por el movimiento y la enseñanza, y que se consolidó como uno de los primeros en la ciudad dedicados exclusivamente a mujeres.
“Siempre fui muy activa desde chica, aunque en la escuela ni siquiera teníamos Educación Física. Recién en la secundaria tuve esa materia y ahí descubrí que quería estudiar la carrera”, recuerda. El camino no fue sencillo: “En ese entonces el ingreso al profesorado era muy exigente. Teníamos que aprender de golpe cosas como "la vertical" o "la medialuna", movimientos difíciles para alguien de 17 años sin base previa. Fue un desafío enorme, pero lo logré”.
Tras recibirse, Marmet comenzó a dar clases en la casa de su madre. Más tarde, junto a colegas, abrió su primer gimnasio en calle 19. De allí pasó por distintos espacios de la ciudad hasta instalarse en la actual sede de Energym, en calle 12 entre 21 y 23, donde trabaja hace 18 años.
De lujo a necesidad
El recorrido de cuatro décadas le permitió ver cómo cambió la relación de la sociedad con la actividad física. “Antes hacer ejercicio era casi un lujo y había que convencer a la gente de sus beneficios. Hoy ya no se discute: todos saben lo importante que es para el cuerpo, la mente y lo emocional. Ahora los gimnasios están llenos y la demanda es enorme”, explica.
Uno de los hitos de su trayectoria fue apostar a un espacio exclusivo para mujeres, algo innovador en su momento en Balcarce. “Al quedarme sola con el gimnasio decidí que fuera solo para mujeres. Y la verdad es que se sienten mucho más cómodas así. Para muchas, tener un espacio propio hizo toda la diferencia”.
Generaciones de alumnas y nuevas formas de entrenar
Con los años, Marmet acumuló historias y anécdotas entrañables: “Hace poco hice un encuentro con las alumnas más antiguas: algunas vienen desde hace 35 años, otras desde hace 20 o 25. Incluso ya vienen las nietas de mis primeras alumnas”.
El paso del tiempo también trajo cambios en la forma de entrenar. “Antes las clases duraban una hora y media. Pero me di cuenta de que mucha gente abandonaba porque no podía sostener ese ritmo. Entonces empecé a implementar entrenamientos más cortos e intensos. Eso permitió que muchas personas, que antes iban y dejaban, pudieran lograr continuidad. Lo importante no es entrenar mucho, sino poder sostener el hábito en el tiempo”.
Una vida dedicada a mover Balcarce
Con la misma energía de sus primeros años, Marmet asegura que seguirá apostando al movimiento y al bienestar. “Mi agradecimiento es enorme para todas las generaciones que pasaron por el gimnasio. Lo más lindo es ver cómo las alumnas hacen del ejercicio un hábito y lo transmiten a sus hijos y nietos. Eso es lo que más me llena de orgullo”, cerró.
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