Hoy se cumplen cinco años desde que el mundo entró en una de las crisis sanitarias más graves de la historia reciente: la pandemia de COVID-19. Si bien el virus trastocó la vida de millones de personas a nivel global, en Balcarce sus efectos dejaron huellas profundas en la salud, la economía y la vida cotidiana de sus vecinos.
El 2020 quedó marcado por las calles vacías, el cierre de comercios y la incertidumbre de un virus que, en su momento, era desconocido. El Hospital Municipal Felipe A. Fossati fue el epicentro de la lucha contra el COVID-19 en la ciudad, con el personal de salud trabajando incansablemente ante la creciente demanda de atención. Balcarce registró sus primeros casos en junio de ese año, y con el correr de los meses, la cantidad de contagios obligó a reforzar medidas sanitarias y restricciones.
La economía local también sufrió un fuerte golpe. Comerciantes y emprendedores debieron adaptarse a una realidad inesperada, con limitaciones en la atención al público y caída en las ventas. Sectores como la gastronomía y el turismo, vinculados a eventos tradicionales de la ciudad, se vieron seriamente afectados por la falta de actividad.
El impacto en la educación también fue significativo. Las clases presenciales fueron suspendidas, y muchos estudiantes tuvieron que adaptarse a la modalidad virtual, con dificultades en el acceso a la tecnología y la conectividad, especialmente en zonas rurales del partido.
Con el tiempo, las campañas de vacunación permitieron una paulatina vuelta a la normalidad, aunque las secuelas de la pandemia aún se sienten en distintos aspectos de la sociedad balcarceña.
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